Antes de arrancar conviene dejar por escrito qué se entiende por cada tarea. Estas son las definiciones que usamos en el día a día con los clientes, para que no haya dos lecturas distintas del mismo pedido.
Cierre mensual
Hablamos de cierre cuando las cuentas del mes quedaron conciliadas con los extractos bancarios y las facturas de compra y venta están cargadas. Si falta documentación de un proveedor, el cierre se posterga hasta tenerla. No cerramos con estimaciones salvo que el dueño lo pida por escrito.
Tablero de indicadores
El tablero incluye los indicadores que definimos juntos al inicio: por lo general caja disponible, ventas por línea, margen bruto y costos fijos. No es un sistema de reportes ilimitados. Si en el camino aparece una necesidad nueva, la evaluamos y decidimos si reemplaza a otro indicador o si implica una tarea adicional.
Proyección de flujo de caja
La proyección a doce meses se arma con supuestos que el cliente valida. Nosotros ordenamos los datos y mostramos el resultado, pero no garantizamos cobros ni estimamos ventas que el dueño no respalde. Cuando cambia un supuesto importante, actualizamos el escenario y dejamos registro de la versión anterior.
Capacitación al personal administrativo
La capacitación apunta a que alguien dentro de la empresa pueda sostener la carga de datos y la rutina de cierre. No reemplaza la formación contable ni la responsabilidad del contador que firma balances. Si el equipo cambia, se puede repetir la instancia de capacitación con un costo aparte.
Alcance de la dirección financiera externa
Acompañamos decisiones de precios, costos y escenarios de demanda, pero no actuamos como socios ni como directores con firma. Las decisiones finales quedan siempre en el dueño. Tampoco gestionamos trámites bancarios en nombre de la empresa: preparamos la carpeta y el cliente la presenta.