Análisis de márgenes por línea de producto en empresas chicas
Detectar qué vende bien y qué conviene revisar
La mayoría de las PyMEs con las que trabajamos conoce su facturación total al peso, pero cuando preguntamos cuánto deja cada línea de producto aparece el silencio. El número global esconde diferencias grandes: hay artículos que sostienen la estructura y otros que consumen tiempo, stock y atención sin devolver nada a cambio. El análisis de márgenes no requiere un sistema costoso; requiere separar bien los costos y sostener el hábito de revisarlo.
Cómo construir el cuadro
El punto de partida es clasificar cada costo en directo o indirecto. Los directos se asignan sin discusión: materia prima, insumos específicos, comisiones de venta de esa línea, flete dedicado. Los indirectos —alquiler del depósito, sueldos administrativos, energía, seguros— no pertenecen a un producto en particular, pero alguien tiene que pagarlos. La discusión no es si asignarlos, sino con qué criterio: horas de máquina, metros ocupados, cantidad de pedidos o porcentaje de ventas. Cualquiera de estos sirve si se aplica de forma consistente y queda por escrito.
Qué hacer cuando una línea da margen negativo
Antes de discontinuar, conviene revisar tres cosas. Primero, si el criterio de asignación no está castigando injustamente a esa línea. Segundo, si el volumen es tan bajo que cualquier costo fijo la hunde, pero con más ventas podría cubrirlo. Tercero, si su presencia en el catálogo arrastra ventas de otras líneas. Si después de ese repaso el margen sigue siendo negativo, hay dos caminos: ajustar el precio o retirar el producto. Dejar todo como está es la opción más cara.
Una planilla y una revisión trimestral
No hace falta un software de costos para empezar. Una planilla con una fila por línea, columnas de ventas, costos directos, costos indirectos asignados y margen resultante alcanza para ver el panorama. La clave está en la rutina: revisar cada tres meses, comparar contra el trimestre anterior y anotar qué cambió. Ese registro es el que después permite defender una decisión de precios frente a los socios o llevar el argumento a una reunión con el banco.